ERP que se arma según el giro del negocio, con 48 módulos y asistente de IA.
Un ERP normal obliga al negocio a trabajar como el sistema. En OrdenPlace se contesta el giro al crear la empresa y se encienden solos los módulos que ese giro usa; una misma empresa puede tener varios giros sobre la misma base. Debajo hay una decisión que sostiene todo: la cotización, el pedido, la factura, la orden de compra y la orden de producción son el mismo objeto con distinta configuración. Por eso agregar un giro es un renglón de configuración y no un proyecto de meses.
Capturas reales, no maquetas. Toca cualquiera para verla en grande; se recorre con las flechas y se cierra con Esc.






CRM, cotizaciones, pedidos y facturación encadenados: convertir no duplica, deja amarrado el origen, así que seis meses después se puede contestar de qué cotización salió esa factura. La cotización se manda como liga — el cliente la abre en su teléfono y la acepta sin registrarse — y cada visita se cuenta. La diferencia entre “¿te llegó?” y “vi que la abriste tres veces, ¿qué te detiene?” es la venta.
La compra se llena sola leyendo el XML del proveedor y avisa si te subió el precio contra la compra anterior. El inventario es un kardex real, movimientos y nunca un campo de existencia que alguien ajusta, con vales de almacén de 12 motivos, cada uno con su tratamiento contable: a producción es costo, muestra es gasto de venta, merma es pérdida. En el almacén se ven igual; en los números no lo son.
Caja, bancos con conciliación, pólizas que no se guardan descuadradas, cuentas por cobrar y por pagar con antigüedad, y estados financieros armados desde las pólizas —no desde ventas sueltas— con análisis vertical y horizontal, EBITDA y siete razones explicadas, incluido el ciclo de efectivo, que es lo que explica por qué un negocio rentable se queda sin dinero.
Una importación no cuesta lo que dice la factura. El valor en aduana es mercancía más flete internacional más seguro, y de ahí salen el arancel y el DTA con su mínimo. Incluye los costos que nadie mete: comisión por transferencia, diferencial cambiario del banco —ese 1 a 2% que nunca llega en factura— y maniobras. Cada gasto guarda lo cotizado y lo cobrado, y enseña la diferencia.
Horarios con detección de jornada ilegal, asistencia con retardos, horas extra pagadas como marca la ley —las primeras nueve al doble y las siguientes al triple— y vacaciones con la reforma de 2023. Pagar todas las extra al doble es de lo que más sale en demandas laborales.
Los pendientes ordenados por lo que cuesta no hacerlos, no por monto ni por fecha, y cortados a lo que cabe en un día porque una lista de veinte se ignora. Incluye detección de clientes que dejaron de comprar comparando contra el ritmo propio de cada uno: quien compra cada semana y lleva un mes es más grave que quien compra cada trimestre.
Lo único de la app que mira hacia adelante: palancas de precio, volumen, costo y gastos con el antes y el después lado a lado, seis escenarios típicos incluido “se me cae 20% la venta”, punto de equilibrio con colchón, y valuación por múltiplo de EBITDA con múltiplos reales de pyme mexicana por giro.
Importa y lee CFDI de México, UBL de Colombia y Perú, DTE de Chile, Facturae de España y comprobantes de AFIP en Argentina. Detecta el formato por contenido y no por el nombre del archivo, y de ahí salen solos clientes, proveedores, artículos y la cartera con antigüedad real.
Precios, límites por plan, banderas de funciones, avisos, mantenimiento y versión mínima se cambian desde el panel sin publicar una versión nueva. Los permisos, los topes y las cuotas los aplica el servidor: esconder un botón no es un permiso.
No hace falta cuenta nueva ni instalar nada: entras con el mismo correo y la misma contraseña de la app, y ves tu información en la pantalla grande. Sirve para revisar, mostrarle algo a alguien o imprimir sin andar pasando capturas del teléfono.
El correo y la contraseña que ya usas. Si no la recuerdas, desde ahí mismo se manda el correo para restablecerla.
Empresas, documentos, clientes y proveedores, artículos…
La sesión vive solo en esa pestaña y se borra al cerrarla. Si entraste desde una computadora prestada, no queda nada.
Desde la web se consulta; se captura en la app. Dos lugares escribiendo al mismo tiempo es como se descuadra la información y se pierden cambios — preferimos que eso no pueda pasar.
Los permisos se aplican del lado del servidor, no de la página. Desde el navegador no se puede alcanzar información que no te corresponde, aunque alguien lo intente a mano.
Los permisos son los mismos de la app: solo ves lo que tu rol permite.
Para pymes que ya tienen forma de trabajar y necesitan ordenarla: comercio, manufactura, servicios, distribución, importación, salud, educación y hostelería, entre 82 giros.